Ella no tiene idea de lo que está pasando. Incluso está bastante molesta y seguramente no debe entender qué hace allí, en medio del viento y del frío. El tampoco tiene idea de lo que está pasando. Lo sacaron de su vida tranquila y ahora lo hacen tirar ida y vuelta, muchas veces hacia atrás, por una empinada ladera. Ambos fueron protagonistas ayer de la filmación sobre la vida de Manuel Belgrano en Tafí del Valle. Ella, la pequeña Simona Van Broock, de sólo seis meses, se enterará seguramente más adelante de que ella fue una de las "estrellas" del telefilme. El, un mulo conocido como "Caracol", nunca entenderá que debía hacer con esa bendita carreta.

La escena

Los trabajos comenzaron a las 6. La empinada ladera de un cerro en El Rincón, entre El Mollar y Tafí del Valle, fue el escenario elegido por el realizador bonaerense Sebastián Pivotto para continuar con la producción. Hace dos semanas los técnicos habían armado allí un precario rancho de piedra y techo de paja. Sería la última residencia de Belgrano en Tucumán. Desde esas cuatro paredes partiría el creador de la Bandera, ya moribundo. La hidropesía y la sífilis lo estaban consumiendo. La escena se rueda varias veces. Pivotto y sus colaboradores no están conformes. Hay sol pero el viento es impiadoso. Decenas de soldados, "reclutados" entre los vecinos del Valle, observan la carreta en la que viaja su líder, interpretado por Pablo Rago. Ya habían pasado las derrotas en Vilcapugio y Ayohuma. Ya había colaborado con la declaración de la Independencia, ya había dejado una gloriosa huella en Tucumán tras la batalla del 24 de Septiembre de 1812. Había regresado nada más que para conocer a la pequeña Manuela, fruto de su relación con María Dolores Helguero.

Corría 1819. "Acción" grita Pivotto, y Belgrano, en la carreta, se abraza a su ayudante Terranova. Siente que se le va el aire. "No puedo respirar", grita. La carrera se pone en movimiento, pero en ese momento se escucha un grito: "alto, alto, por favor". Gregorio Aráoz de La Madrid se interpone y hace detener el carruaje. María Dolores, interpretada por Paula Reca, irrumpe corriendo. Lleva en brazos a Manuela, pero en realidad la que llora de hambre y de sueño es Simona. La pareja se abraza y la pequeña queda en el medio. Llora más aún. Belgrano gime, pide que no lo olviden, que recen por él. Promete que regresará a buscarlas. Nadie le cree. Todo es dolor en la escena. Terranova por fin ordena que la carreta se ponga en movimiento. Y allí marcha el general, aterido y moribundo, rodeado por dos hombres a caballo que lo custodiarán hasta Buenos Aires. No vivirá mucho más. El 20 de de junio de 1820 fallecería en su casa, luego de intentar pagarle con su reloj al médico que lo atendía, ya que no le quedaba dinero.

La escena tiene algunos contratiempos climáticos. Hay algunas nubes que tapan el sol, y obligan a los técnicos a posponer las tomas por algunos minutos, o a modificar la iluminación. Pero nadie desespera. Cada uno sabe lo que tiene que hacer, y lo hace en el momento justo. María Dolores debe llorar, y allí van las maquilladoras a aportarle lágrimas. Belgrano se debe ver peor físicamente, y como por arte de magia aparecen en su rostro grandes ojeras y un tono pálido que deprime. El general ya no luce orgulloso su uniforme. Se protege con un poncho y está descalzo, únicamente con polainas. Es la hora de su adiós. Pero como en el cine todo puede pasar, ayer tuvo revancha. Estuvo en El Infiernillo junto con sus soldados para protagonizar una de las escenas más impresionantes: la de la Batalla de Tucumán.